Las personas podemos ser muy exigentes con nosotros mismos en uno o varios aspectos de nuestra vida. En este segundo artículo abordaré el aspecto relacional del perfeccionismo, así como nuestra responsabilidad de elegir al respecto.

Quiero comenzar compartiendo que yo misma me considero una persona que me gustan los retos, me esfuerzo al máximo y disfruto mucho al alcanzar los resultados de algún proyecto que me propongo. A lo largo de mi vida he pasado por momentos donde el no haber alcanzado una meta me ha generado una frustración profunda y dolorosa, y comprenderlo me a ayudado  a darle a mi perfeccionismo la forma que me es útil. Mi interés en el tema radica en lo común que resulta, así como la dificultad que existe para comprenderlo y por tanto, solucionar las implicaciones negativas que trae consigo.

Si bien existen diferentes interpretaciones para el perfeccionismo, podría describirlo como la disposición de la persona a buscar  la impecabilidad y establecer altos estándares de rendimiento acompañada por tendencias a realizar evaluaciones críticas sobre el desempeño o el resultado obtenido. Esta disposición puede verse en el rol académico, familiar, en relaciones sociales, familiares, en el deporte y puede ser una forma de actuar de una persona en algunos o todos los ambientes donde se desempeña.

El perfeccionismo es una forma relacional

Por lo general, la persona nace en el seno de una relación en mayor o menor medida amorosa; en ocasiones crece en un ambiente familiar, a veces más a veces menos estable,  donde los padres hacen su mejor esfuerzo por mostrar interés y cuidado de acuerdo a su interpretación personal.

La relación con las personas significativas en la vida personal y profesional influye en el individuo para distinguir entre lo que está bien y mal, lo aceptado y lo no aceptado en su contexto. Es sin duda un fenómeno relacional ya que, la sociedad en la que se desenvuelve el sujeto, apoya o inhibe la configuración de su forma de alcanzar sus metas y objetivos. El miedo al rechazo o la crítica continua, podría fortalecer la percepción en el individuo de que, el no cumplir con el estándar aceptable puede dar como resultado el no pertenecer a un grupo importante, lo que puede resultar muy amenazante y doloroso.

Cuando la persona se fija metas que están muy por encima de sus capacidades y recursos y no es capaz de identificar sus propios límites reales, puede sentir miedo y frustración. Al intentar lograr una meta inalcanzable y fallar, podría alimentar reclamos a sí mismo e incrementar el miedo al error, disminuyendo así su autoestima.

La persona puede fortalecer un pensamiento que quizá no sea muy consciente, pero que  afecta su percepción del mundo: ‘si soy perfecto – sea cual fuere su interpretación de la perfección – la gente me aceptará, me aprobará y me sentiré valorado, de este modo puedo controlar lo que la gente siente sobre mí’.  Quizá relacionado con una especie de lealtad al grupo donde se considera evaluado. Es una forma de darle al otro la responsabilidad de valorarlo, bajo la expectativa de que si es aceptado por el otro entonces es valioso (Mearns y Cooper, 2011).   

Conocer al perfeccionismo con mayor detalle podría apoyar a la persona a comprender como despliega esta actitud y sus implicaciones con sus relaciones significativas. La dificultad radica en que el escenario descrito anteriormente es sólo una posibilidad. Otra posibilidad es que la persona, al fijarse metas que están más allá de sus capacidades percibidas, podría lograr un resultado más allá de su expectativa, lo que sería ideal y satisfactorio. O también podría fijase metas muy altas, fracasar en lograrlas, y vivir esta experiencia  con aceptación y aprendizaje continuo.

Estos son posibles escenarios que optamos y vivimos a veces de forma tan automática que quizá no los percibamos siquiera. Parar un momento para evaluar cómo vives tu perfeccionismo puede ayudarte a considerar otras opciones más saludables, y además, que te permitan un aprendizaje significativo real y satisfactorio. Queramos o no, afectamos y somos afectados por las personas con quienes nos relacionamos. Como ves, es una decisión y por tanto es tú responsabilidad elegir la mejor opción para ti y para tu entorno.

Elaboró: Maru González, MA, MP, PMP, PMI-PBA, PMI-ACP, Coach.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *